El Vínculo

¿Cómo podríamos definir El Vínculo?

Seguramente que todos conocemos perros que se comportan como robots, siempre pendientes del premio, mientras actúan de una forma más o menos correcta. Siempre de manera automática. Sin ninguna alegría ni ilusión. Es casi como una mera transacción: ésto me das, ésto te ofrezco.

Sin embargo, también habremos visto otros perros, en los que,  la ilusión por agradar y sus reacciones de alegría ante unas peticiones por parte de sus propietarios,  nada tienen que ver con esa transacción.

La diferencia clave entre ambos comportamientos la constituye el vínculo. Podríamos definir el vínculo como la confianza que adquiere el perro en su guía o propietario .

El vínculo es difícil de conseguir y muy fácil de perder una vez que se ha conseguido, si no se alimenta cada día.

Un vínculo físico es relativamente fácil de obtener. El perro tiene una serie de necesidades físicas y nosotros como propietarios, se las satisfacemos (comer, beber..). Algunos especialistas incluso recomiendan dar la comida con la mano al menos una vez por semana para hacer ese acto menos frío.

El vínculo emocional es más complicado de conseguir. No se trata de seguir a rajatabla las indicaciones de un libro de adiestramiento o de una página web. Eso no funcionaría. Sólo crearía una acción mecánica por parte del perro en la que no entraría en juego su parte emocional. Sabemos que los perros aprenden por repetición, pero estamos hablando de otra cosa. Queremos “conectar” directamente con el perro y obtener su confianza

Consejos para reforzar el vínculo emocional:

  • El juego, es un elemento vital para conseguir ese vínculo tan deseado. No consiste solamente en juegos mecánicos que crean autómatas o perros obsesionados con el juguete (tiro la pelota, te traigo la pelota…). El juego es también obediencia.  Enseñar nuevas cosas a nuestros perros, tengan la edad que tengan, es la manera más eficaz para mantener el vínculo vivo.
  • Hacer pensar al perro a nuestro lado. Podemos realizar muchas actividades con él, que ayuden a reforzar ese vínculo (agility, largos paseos por nuevos sitios con juegos de olfato, canicross, etc)
  • Comunicarnos de forma coherente y consistente con nuestro perro. Siempre que el perro presente una conducta, debemos dar la misma respuesta. Si salta sobre ti para saludarte y a veces le recompensas (vas con ropa de perros) y otras le castigas con un grito y empujón (vas con traje), no estás siendo consistente. Esto destruye la confianza y seguridad del perro hacia ti y por tanto deteriora el vínculo.
  • Establecer una relación afectiva sana. Muchas caricias son necesarias para forjar el vínculo pero hay que dosificarlas. Pensar que a todos nos pueden llegar a agobiar el exceso de atenciones y mimos.  Intenta marcar pocas reglas (sólo las que necesites para una convivencia adecuada). Todos los miembros de la familia las tienen que tener claras y todos ser firmes en su cumplimiento.
  • Control en premios. Entrega los premios de comida como refuerzo a todas las actitudes y comportamientos que quieres que tu perro repita. De esta forma estarás estableciendo una correcta comunicación. Contrólate. No entregues premios de forma gratuita y sin justificación .
  • Genera asociaciones positivas ante situaciones que le resulten poco agradables. Por ejemplo, premia siempre que le pongas la correa después de tenerlo suelto. Premia que se muestre tranquilo durante el baño, el cepillado, la visita al veterinario, etc.

Ahora analiza la relación con tu perro y comienza a trabajar el obtener su confianza y por consiguiente un buen vínculo.