El método de los límites es una forma de educación canina nueva y más eficaz. Se puede emplear en cachorros que no presenten ningún trastorno psicológico. Este método se basa en: Mirar, Delimitar y Habituar. La mayoría de los propietarios tienen una querencia

compulsiva a actuar sobre el perro con premios, castigos, gritos y prohibiciones. Lo más difícil es convencerles de que no deben actuar sobre el cachorro, sino sobre el medio. Ellos deben influir en el medio.

MIRAR

Lo primero en educación canina es saber “mirar”. Mirar y ver para valorar cómo está evolucionando el cachorro. Esto, debe hacerse casi continuamente. Se debe evaluar continuamente lo que está ocurriendo.

DELIMITAR

A partir de la evaluación, se deben establecer unos límites claros y precisos a la conducta del perro. De esa manera se configura el medio. Muy importante es actuar como si estuviéramos en la naturaleza. En la naturaleza, la educación canina no se basa en premios ni castigos. Solamente hay Consecuencias. Es necesario poner límites, con cabeza claro y hacerle ver al cachorro las consecuencias que ocurren con sus comportamientos.

Cuando nos basamos solamente en premios y castigos, está claro que el premio favorece la acción , pero tiende a desnaturalizarla gravemente. El castigo es una evidencia de falta de recursos y de falta de premeditación.

Los problemas graves no se solucionan ni con premios ni con castigos. Porque, como decía aquel torero andaluz, “lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible”.

Es muy frecuente ver a propietarios o a adiestradores de perros ante casos graves, dando palos de ciego y complicándolo todo con premios y castigos. Lo curioso es que,  en cuanto tienen un diagnóstico, si no tiene solución, inmediatamente dejan de premiar y de castigar, y si tienen una estrategia, también dejan de perder el tiempo con premios y castigos.

Los problemas sencillos no merecen ni premios ni castigos. Se analizan, se ponen las medidas que le obliguen al cachorro a actuar correctamente y se deja actuar a la Habituación.

No imagines que somos contrarios a los premios y castigos. Lo que ocurre es que entendemos que son útiles solamente para el adiestrador de “oficio” que troquela perritos para guardas jurados, pero en cuanto elevas el nivel de aspiraciones y empiezas a afrontar problemas más serios, te ves obligado a pensar, vas adquiriendo recursos y sin darte cuenta, resulta que vas dejando de premiar y castigar.

Lo importante es conseguir que el perro quiera colaborar en su educación canina. La colaboración del perro es fruto de la dependencia hacia sus propietarios y de la identificación con ellos.

Si el cachorro no quiere colaborar, si está a jugártela, si por sistema juega en el equipo contrario, no tienes nada que hacer. Estás cometiendo un error capital y ni todos los premios del mundo, ni todos los castigos te van a librar del fracaso.

Después hay que hacerle ver muy clarito lo que pretendemos de él, animarle a que lo haga y ponerle unos límites claros que le conduzcan a ello. Esto es duro porque hay que discurrir. Si el perro tiene éxito, tendrá el premio de verte satisfecho. Pero después se irá percatando de que ha aprendido a hacer algo que le conviene, que es bueno para él, y esto significará la mejor gratificación para su esfuerzo. Esa toma de conciencia por parte del perro es lo que más consolida los aprendizajes y lo que determina su correcta educación.

Y si el perro falla, porque siempre hay fallos, ¿a qué vienen los castigos? Si él quiere hacerlo bien y se ha equivocado o no ha podido o te ha jugado una trastada, ¿para qué le castigas? ¡Para que se acuerde! ¿Para qué quieres que se acuerde del fallo? Déjale que lo olvide y sigue llevándole hasta el bien hacer. Los fallos del perro son indicadores de que tú estás presentándole las cosas mal y de que debes reflexionar más.

HABITUAR

Sin embargo, no basta con que veáis, controléis y corrijáis las desviaciones moviendo los límites. Además, se deben provocar hábitos. Nada se consolida si no se ha generado un hábito. Es necesario apoyarse en una característica pronunciadísima en la psicología del perro: su facilidad para habituarse. Esta cualidad fue esencial para que el perro resultase seleccionado para la domesticación.

El perro, más que otros animales domésticos, aprende a “hacer”, “haciendo”. Aprende lo que hace y no aprende lo que no hace.

“¿Cómo aprende el cachorro a controlar esfínteres? Controlando esfínteres. ¿Cómo aprende a acudir a la llamada? Acudiendo. ¿Cómo aprende a soportar el aburrimiento? Aburriéndose. O sea que el perro aprende a hacer cualquier cosa, haciéndola. ¡Lo bueno y lo malo! Así de sencillo.

Tu perro aprenderá a comportarse adecuadamente en la sociedad de los humanos si le permites o le obligas a comportase de esa manera. Del mismo modo, no adquirirá conductas inadecuadas, si impides que las practique”.

Aquí tienes una máxima muy sencilla: “edúcale para que haga lo que debe hacer e impídele “siempre” lo que no debe hacer”.

Con límites inteligentes, firmes y flexibles, la educación canina es muy fácil. Sin ellos, todo se reduce a un recetario de premios y castigos mucho más aparente que efectivo.

Al propietario se le debe proporcionar un nivel elemental de formación que sea suficiente para iniciar el método, pero que obviamente no es toda la formación que necesita recibir para educar al perro. Para recibir toda esta enseñanza aquí estamos para ayudaros.Puedes consultar mas información en este apartado